Cómo Empezó

Fabriqué la primera baraja de “El Juego” para acercarme a mi viejo:
Poco antes del COVID, mi padre tomó el control de una compañía que perdería el 80% de su actividad. El aumento de horas de trabajo y el estrés de esta situación hizo que dejáramos de tener tantas conversaciones como antes.
Empecé a anotar en una libreta las preguntas para las que no encontraba el hueco, y poco después, compró un juego de cartas que prometía disparar buenas conversaciones. Jugamos varias veces con aquel juego y tuvimos muy buenas conversaciones. Me di cuenta de que esta era una buena excusa para conversar, pero las preguntas que quería hacerle no estaban incluidas en este juego. Por eso decidí fabricar mis propias barajas.
Encargar una baraja personalizada era caro, y encargar 20 era aún más, pero así podría vendérselas a mis amigos para cubrir los gatos. Encargué 20 y le vendí 19 a mis amigos. Fueron un éxito. Jugué con mi padre y mis amigos jugaron con sus familias. Se empezó a correr la voz, y personas que no conocía empezaron a pedir más barajas.
Las preguntas que había escrito para mi viejo estaban siendo útiles para que otras personas se acercaran a su gente.
Además, cuando otras personas probaron el juego y me contaron sus experiencias, me di cuenta de que hay una característica que hace que este juego sea mucho más de lo que esperaba que fuera:
Algo en el contexto de “juego” hace que las conversaciones se den de forma más sencilla. Es como si las personas necesitaran un “porqué” que justificara el que hablen de las cosas que consideran importantes y el contexto de “juego” les sirviera como justificación.
Creo que el área social es la más importante en nuestra vida. Las conversaciones que tenemos, y las relaciones sociales que construimos son la base sobre la que ocurren el resto de cosas. No es nada separado de nuestras ambiciones, preocupaciones, alegrías y tristezas, sino un catalizador o un colchón de las mismas.
Una de las cosas que nos diferencia como especie es nuestra habilidad para crear herramientas que potencian nuestras capacidades. No se me ocurre algo más útil que aprovechar esta habilidad creando y utilizando herramientas que potencien el área más importante de nuestras vidas: el área social.
Todo puede cambiar, menos nuestra naturaleza social. Cuanto más cambie nuestro contexto, más necesario será atender a nuestra naturaleza.
El motor de Barullo es la creencia de que las buenas conversaciones llevan a mejores relaciones, y tener mejores relaciones, a una vida más satisfactoria.
Sin embargo, las buenas conversaciones son tan valiosas como poco comunes. Nuestra misión es cambiar esto último.

Rubén Sola Gil